“Es importante saber de dónde venimos

aunque no sepamos exactamente como llegar a dónde vamos.”

Ángela Lugo.

Sí, esa fui yo hace unos minutos al darme cuenta de que al Rey no se le puede confinar a una sola entrada. Por ello, esto será el comienzo de una (espero) linda historia de "n" partes. Veamos a dónde nos lleva el río. Empecemos:

Hay algo mágico que pasa cuando estudias la electrónica, y es que con el pasar de las asignaturas, te gusten o las odies, te vas haciendo más y más consciente del mundo que te rodea y de cómo, en cada pequeño detalle, hay un poco de todo eso que estás estudiando y aprendiendo. O al menos eso fue lo que a mí me fue pasando a lo largo mis años en aula.

Pero la revelación que más me ha hecho reflexionar y menos evidente fue a mis ojos (aunque para muchos ha de ser la más obvia y más resaltante a la vista por su relevancia en la historia) fue volverme consciente de que si algún día los transistores cobrasen vida propia, estos dominarían al mundo.

Ok, ok. No. Bueno, sí. La cosa es que aunque lo anterior sería una propuesta interesante para una película de ciencia ficción, la verdad es que esta epifanía vino a mí de manera paulatina.

Recuerdo haber escuchado alguna vez a algún profesor en los años 1600 (♫¡Pan-Pan-Pan! ♫) mencionar someramente la importancia de este pequeñín. Otra verdad es que día a día hacemos uso de grandes invenciones que damos por sentadas y se nos hacen comunes, pero somos medianamente ignorantes de todo lo que tuvo que ocurrir para que sea de esa manera.

La historia que acompaña el desarrollo de la ciencia y la tecnología es casi siempre tan interesante como la disciplina en cuestión.

Pues bien, todo avance en la historia de la humanidad parte de la necesidad y el deseo. Sé que es difícil imaginarnos sin nuestros teléfonos inteligentes, pero hagamos un viaje en el tiempo:

Primera mitad del siglo XX.

El mundo está revolucionado. La Revolución Mexicana. Se hunde El Titanic. La Primera Guerra Mundial. La Revolución Rusa. Se descubre la Penicilina. La Guerra Civil Española. La gran depresión. La Segunda Guerra Mundial. Todo eso y mucho más en tan solo cincuenta años.

Las guerras demandan un desarrollo tecnológico con la intensión de los bandos llevar la delantera. La necesidad de comunicación ante los acontecimientos mundiales crece y crece de manera  exponencial.

A la par, crece la competitividad corporativa por mantenerse a la cabeza en las industrias. Mientras, los científicos se internan en sus laboratorios con la meta de darle al mundo el próximo gran invento.

Tal como es el caso de  John Fleming, un ingeniero británico, quien en 1904  patenta lo que se conoce como Válvula de Fleming o Diodo de Vacío.

Este dispositivo es capaz de rectificar señales alternas y convertirlas así en señales continuas. Se trata de un tubo de vidrio al vacío, en el que en su interior yacen un par de electrodos (un cátodo con la capacidad de emitir electrones y un ánodo de potencial positivo respecto al primero) entre los cuales se produce un flujo de electrones de cátodo a ánodo, pero no al contrario.

Dos años después, en 1906, Lee De Forest, sobre el trabajo de Fleming desarrolla el Triodo, lo que el describió como:

“un amplificador de señales débiles”.

Este invento fue el comienzo de tecnologías como la radio, la televisión y las llamadas a larga distancia. De Forest conserva el tubo de vacío, el ánodo y el cátodo y agrega una rejilla entre los últimos. Mediante la aplicación de tensión a la rejilla él logra incrementar o disminuir el flujo de electrones entre los electrodos.

A mediados del siglo XX, lo que hoy conocemos como AT&T (American Telephone and Telegraph Corporation) llevaba por nombre Bell Telephone Company (fundada por Alexander Graham Bell).

¿Recuerdan la competitividad corporativa? ¿La necesidad y el deseo? Pues aquí lo tenemos todo.

Bell Telephone Company compra la patente. Con ésta, la compañía se posiciona en el primer lugar en la industria de las telecomunicaciones y crea Bell Labs.

Los Laboratorios Telefónicos Bell realizan constantes mejoras al dispositivo creados por Forest hasta que se consiguen con una pared.

La verdad es que el Triodo es un componente que demanda mucha energía, genera mucho calor y su tiempo de vida útil es muy corto y, en pocas palabras, ya no daba para más con respecto a las aspiraciones de la compañía.

Año 1945.

Termina La Segunda Guerra Mundial y la vista está puesta más allá del océano, por lo que el laboratorio juntó a un grupo de científicos para que dieran con una solución. Esta solución dejaba de lado a los tubos de vacío y le daba la bienvenida a los semiconductores.

Este grupo de investigadores estaba formado por William Shockley, Walter Brattain y John Bardeen, quienes en diciembre de 1947 consiguen el objetivo, dándole al mundo el primer transistor (transistor de contacto puntual). Gracias a esta invención este grupo de tres fue reconocido en 1956 con el Premio Nobel de Física.

 

Es mucho el salseo que se consigue respecto al “choque de egos” que se produjo en torno al crédito del transistor por parte de los tres científicos antes mencionados, de los cuales hasta existen un par de libros que lo rememoran. Quién lo diría, ¿No?

Pues bien, volvamos al presente haciendo un rápido recorrido en nuestras memorias. Recordemos la primera computadora, los viejos radios y televisores, o inclusive el primer teléfono celular.

Ok, puede que muchos de ustedes siquiera los hayas visto en persona, pero alguna película viaja han de haber visto. Ahora ve tu computadora personal o tu smartphone. Sí, ya puedes darle las gracias al transistor.

Hoy es normal llevar más de mil canciones en la palma de la mano, buscar y comentar los dispositivos cada vez más pequeños del mercado y hablamos de memorias de "n" gigabytes a la ligera.

Pues con ellos llevas en tus manos millones de transistores, descendientes de aquel gran invento que revolucionó al mundo, nos abrió las puertas al futuro digital y dió inicio a lo que hoy conocemos como electrónica y la miniaturización de la misma (pero de ello hablaremos luego).

Ahora cuéntame ¿Cuál ha sido tu revelación más resaltante en esta aventura que llamamos ingeniería?